Cuando todo el mundo se está moviendo a tu alrededor, todos
tienen algo que decir o que hacer, un asunto entre manos, y tú no tienes nada.
Mientras esperas que alguien comprenda tu tono sarcástico, tus frases y tu
actitud. Y la única opción que queda es esperar, esperar y esperar.
Una llamada, un momento, una situación, un encuentro, un
amor, una conversación, un sueño, una alarma. Algo, algo que te haga sentir
viva, algo que te haga sentir feliz, algo que te haga sentir especial, algo que
te haga diferente del resto. Algo que te llene de emoción y de intriga. Algo
que te haga disfrutar, disfrutar el momento.
Y no esperar a que la monotonía te consuma lentamente.
Por su seguridad, debe de escuchar la canción que verá más
abajo mientras lea esto.
Gracias.
Todo empezó con un simple cambio de mesa en clase, aquella
que nos gustaba tanto.
Que tenía un espejo que cubría toda la pared.
Cuando
colorear era lo único difícil, cuando no había ningún problema en
nuestra vida, cuando lo más apasionante era salir al recreo y correr con todas nuestras fuerzas mientras nos sujetábamos el babi por la pista roja, a ver quién llegaba la primera, cuando el camino era fácil.
Pienso qué puedo decirte en este espacio blanco y en mi
cabeza se forma un caos repleto de recuerdos.
Todo surgió con quién iba a llevar más gusanitos el día de
su cumple. Nos metíamos las manos en el barro e interpretábamos ser chefs,
fuimos creciendo y los juegos cambiaron, todos los viernes a la salida,
soñábamos con nuestras ricas vidas, “Somos ricas, ricas, ricas, ricas
riquísiiiiiiiiimas” “Sí, sisisisi, que cogíamos un euro y aparecía otro”.
Los domingos de paella en el club, los lunes a las nueve de
la mañana jugando al “baloncesto”
ansiosas por ver “Supermodelo” por la noche, mientras éramos felices y
nos sentíamos mayores por los nuevos
tops que nos habíamos comprado, los sábados por la mañana en la piscina, subiendo
y bajando cuestas con tacones que no nos pertenecían. Todas aquellas cartas de
princesas de Disney que se transformaron a una simple hoja de cuaderno, con
varias letras de canciones y corazones con el nombre del chico que nos gustaba.
Pequeños detalles que nos hacen felices. Cicatrices que se quedan por el resto de nuestras vidas.
Pero…qué inocentes y qué felices éramos, daba lo que sea por
coger un billete de vuelta. Contigo. Juntas. Como siempre. Para siempre.
Momentos, momentos en los que no valorábamos lo que hoy en
día echamos de menos. Y cuando recordamos estos momentos, cuando vuelven y se
inundan en nuestros pensamientos, es toda la caída emocional tan grande que cuesta mucho volver.
Nunca conseguiremos equilibrarnos como queremos y más de una
vez estaremos dando vueltas en espiral.
Es tan cómodo y sencillo que te venza el camino de la
pesadumbre, del pesimismo, de la melancolía, de la nostalgia, de la amargura y ser incrédulos.
Pero debemos de aprender a ser inteligentes, de perder la cabeza más de una
vez, de sonreír por no llorar.
Debes de creerte que eres especial, que puedes lograr o
encontrar tus metas.
Se ha dado cuenta hoy de que no tiene la estatura que ella quisiera y también se ha dado cuenta de que hoy en día no encaja en ningún lado. ¿Drástico? meh...
Día a día se promete cambiar su vida, ser "feliz", a pesar de algunas cosas que impidan lo contrario, esas cosas que todos seres tenemos y odiamos, esas cosas que queremos que nos abandonen, pero el problema es que tiene memoria a corto plazo y en seguida todo se le olvida.
Los cambios suelen dar miedo, vivimos ansiosos por tener nuevas experiencias, pero a veces cuando vas notando que una parte, un pedazo de ti se va yendo poco a poco y es más de uno, la mente se llena de recuerdos y... TE ASUSTAS, te da miedo, y tienes que rellenarlo de alguna u otra forma y ahí estás tú sola, ¡A VER CÓMO COÑO LO HACES! si lo estás haciendo bien, si lo estás haciendo mal...o si simplemente no estás haciendo nada. Idealizas. Muestras en tu mente noche y día cómo quieres ser o cómo quieres actuar. Idealizar no es malo. Está bien idealizar. Idealiza. Porque tienes que ser cómo quieras ser, actuar y ser tu misma, conocerte día a día, enfadarte contigo misma, valorarte y también matarte. Pero el camino de la desesperación y de la "no-motivación" siempre están ahí, esos caminos nunca te abandonan, debes abandonarlos tú, sólo tú. Si no lo haces...
Todo eso te lleva al vacío, a la tristeza, hablamos de la alineación, de la amargura, de ser plato de segunda mesa, de ser material desecho. Nunca conseguirás la felicidad plena, pero sí tu felicidad interior, esa que solamente puedes encontrarla tú.