05:30 de la madrugada, y la luz de mi mente sigue
encendida, descontrolada, desbocada de la realidad del tiempo. Soñando con su voz, su olor, su mirada, pero
su voz…oh, sí, su voz era una melodía, algo sublime, sentías alcanzar la
gloria, una sensación insuperable, tocabas lo divino, lo excelente, lo
celestial, lo …divino... Con sarcasmo y soberbia,
llevándote a extremos paradisíacos terminando en algo excepcional.
Recitaba
poemas noche y día y escribía en las tardes lluviosas, cuando las gotas solitarias
se enmarcan en los cristales, tal vez porque se sentía como una gota más, en un
espacio donde se reflejaban entidades maravillosas y complejas pero imposibles
a su alcance.
Y cuando padecía melancolía, tocaba el
piano. Sus
grandes e ilustres manos, cubiertas de
cicatrices, se deslizaban con la mayor delicadeza y ternura, bailando sobre las teclas mientras
los pies revolucionaban los pedales.
