viernes, 31 de enero de 2014

Trocito de debilidad.

05:30 de la madrugada, y la luz de mi mente sigue encendida,  descontrolada,  desbocada de la realidad del tiempo.  Soñando con su voz, su olor, su mirada, pero su voz…oh, sí, su voz era una melodía, algo sublime, sentías alcanzar la gloria, una sensación insuperable, tocabas lo divino, lo excelente, lo celestial, lo …divino... Con sarcasmo y soberbia, llevándote a extremos paradisíacos terminando en algo excepcional.


Recitaba poemas noche y día y escribía en las tardes lluviosas, cuando las gotas solitarias se enmarcan en los cristales, tal vez porque se sentía como una gota más, en un espacio donde se reflejaban entidades maravillosas y complejas pero imposibles a su alcance.                                  
Y cuando padecía melancolía, tocaba el piano. Sus grandes e ilustres manos,  cubiertas de cicatrices, se deslizaban con la mayor delicadeza  y ternura, bailando sobre las teclas mientras los pies revolucionaban los pedales.