Tengo la certeza de que existe algo más de la
realidad, que todo son ciclos, etapas, momentos. Unidos porque sí. Al azar,
quién sabe, cómo tú prefieras creerlo, da igual, no importa. Llegué un 13 de
Octubre, estaba aterrorizada por dentro pero no era mi intención que se notase.
Un asqueroso, repulsivo, deshonesto guardia se me quedó mirando, con su ceño
fruncido y su cara de desprecio hacia mí, yo para él no era nada, no existía,
era un miserable trozo de carne, desecho, insignificante. El hecho de
desnudarme frente a él, fue algo indigno. Me sentí a pedazos por dentro, pero
me prometí comerme el orgullo, tal vez pueda sonar ridículo, mezquino…pero no
iba a permitirlo. Al cabo de los días te ibas acostumbrando a una rutina. Y te
ves tú, consumida. Frágil. Tenue. Tus huesos enmarcados por una fina y delicada
capa que llaman piel, piel pálida. Tus ojos, enterrados. Derraman soledad. Parpadeas,
pero cuesta y pesa. Y la soledad se frena en tus labios, unos labios aislados
entre sí, pidiendo a gritos algo de afecto.
Me gusta recordar el mar. Yo y el mar. Juntos. Tus
pies hundiéndose en la arena, mientras el agua se rebela y te envuelve, te
quiere a ti. Te arrastra, te secuestra, te ata, quiere apropiarse de ti. Quiere
que seas de él. Pero tú en la orilla eres más fuerte y tú decides qué hacer.
Aquí, dentro. El mar está en todos lados, pero no hay orilla, estás ahogada.

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